martes, 26 de mayo de 2009

Victoria en negro




La noche ya se va plegando sobre si misma, encogiendose para dar paso al día.

El día fluye codiciando la noche.

La envidia entre ambos se reduce a luchas constantes.

La victoria nunca se decanta hacia un lado o al otro,
caprichosa les deja seguir luchando día a día, noche a noche.

Amanecen nubes oscuras, anochece con el brillo de las estrellas.

Susurrando en el viento las estrellas acechan para tomar el mando,
pero una de ellas, pequeña se lo impide, su brillo cercano aleja el tililar nocturno.

Duendes y hadas ríen increpando a uno y otra indistintamente. Inestables en su divertimento se conjuran para que la lucha sea más espectacular.

Sube, baja, mueve mareas, provoca tornados, nada queda estable durante la lucha, todo sufre cambios, todo se llena de heridas, inclinando la rodilla ante los grandes señores que todo lo gobiernan.

Fe en la luz, fe en la oscuridad.

Acata y sigue. Manda y sigue.

Polvo neblinoso se mueve sin control y de repente, ya no están, las estrellas han sucumbido, el caos reina, un nuevo orden oscuro se abre paso, ominoso, ceremonioso, de cánticos apagados y rodillas dobladas.

Cuerpos entregados a la lujuria, cuervos sonrientes revolotean y se jactan, brota la lluvia, pero moja sin ganas, apartándose de las plumas negras, violentando despojos, diluyendo la sangre, rellenando la última de las sendas que van hacia la luz, difuminando el camino, y deshaciendose en torrentes.

Negro.

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